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El banco más pequeño de un gran país

Libro Almanaque 2005

Hace más de 150 años, en Alemania, hubo una racha de malas cosechas. Los campesinos tuvieron que pedir dinero prestado para seguir produciendo, pero como los prestamistas cobraban intereses muy altos, muchos perdieron todo lo que tenían por las deudas. Entonces un señor llamado Friedrich Wilhelm Raiffeisen, quiso hacer algo para evitar que los campesinos fueran víctimas de los usureros y fundó el primer banco de ayuda mutua. Los campesinos juntaban su dinero y, de ese mismo dinero, podían pedir prestado para comprar vacas, cerdos o gallinas y ponerse a producir. Luego, tenían oportunidad de ir pagando conforme se iban recuperando.

La idea funcionó tan bien, que muchos pequeños pueblos en Alemania fundaron bancos de vecinos, a los que llamaron Bancos Raiffeisen, en honor del señor que tuvo la idea. Todavía funcionan más de mil bancos de este tipo. Antes había más, pero muchos han venido desapareciendo, ya que los vecinos decidieron pasar sus ahorros y sus deudas a bancos grandes.

Uno de los que todavía existe es el banco Gammesfeld, que tiene más de cien años de funcionar y que, durante todo ese tiempo, ha sido administrado por la misma familia. Los vecinos unieron sus ahorros para fundar el banco y, en 1983, le encargaron la administración a uno de ellos, de apellido Vogt. Cuando el señor Vogt se retiró después de 34 años, le encargaron la administración a su hijo. En 1968, el Sr. Fritz Vogt, al igual que su padre y su abuelo, mereció la confianza de los vecinos y se convirtió en el nuevo administrador.

Actualmente, Gammesfeld continúa siendo un pequeño pueblo de campesinos. Allí viven unas  500 personas que se dedican a criar vacas y cerdos. El dinero que pueden ahorrar, se lo confían al Sr. Vogt. Si necesitan pedir prestado, también recurren al mismo vecino ya que el dinero es de todos.

El Sr. Vogt no es un prestamista ni el dueño del banco, sino un agricultor igual a todos que atiende los asuntos del banco en su propia casa,  de12 y media a dos de la tarde y de 7 a 9 de la noche. El resto del tiempo él trabaja como los demás en la crianza de sus vacas y cerdos.

El banco es solamente un rincón en la casa del señor Vogt. No tiene ni cajero automático, ni computadoras. Todas las cuentas se anotan en hojas de papel. El único equipo del banco es una caja fuerte que tiene más de cien años, una máquina de escribir y una sumadora también viejas y una sumadora eléctrica 'nueva', que ya tiene 12 años.

Aunque no tiene equipos modernos, el banco de Gammesfeld trabaja muy bien y ofrece más ventajas que los bancos grandes. Si una persona ahorra en el banco de Gammesfeld, recibe más interés que en un banco grande, y si una persona pide prestado, tiene que pagar menos que en un banco grande.

Una vez, en un programa de televisión, le preguntaron al señor Vogt cómo hacía para lograr esas ventajas. El respondió que en el banco de su pueblo las cosas se hacen de manera sencilla. Los bancos grandes viven de manera lujosa. Todo es grande y moderno, los sueldos de los empleados son altos y las máquinas y los muebles son modernos y caros. Todos esos lujos los tienen que pagar los que ahorran y los que piden prestado. El propósito del banco de Gammesfeld no es aprovecharse de las personas para ganar dinero, sino para brindar un servicio para que todos puedan ayudarse.

El Sr. Vogt, que ahora tiene 73 años, sigue trabajando y no quiere que el banco de su pueblo se una a otro más grande. Los vecinos tampoco quieren que el banco deje de ser como ha sido hasta ahora. El Sr. Vogt conoce a todos los vecinos y caad vez que uno de ellos llega a realizar un pago, a solicitar un préstamo o a depositar algún dinero, él los trata por su nombre, les pregunta por la familia y escucha sus deseos y necesidades. Como el Sr. Vogt conoce muy bien la situación económica de todos los vecinos, sabe que en el pueblo hay gente rica y gente necesitada. Sin arriesgar el dinero que se le ha confiado, el Sr. Vogt ha prestado dinero sin garantía a personas que de no haber recibido esa ayuda no habrían podido levantarse de una mala situación.

El banco ha pasado también momentos difíciles. Una vez hicieron un reportaje en televisión en el que se veía que el banco estaba en la casa de un señor mayor que no tenía ni guardas ni alarmas. Poco después se metieron a robar y los ladrones se llevaron el dinero que había en la caja fuerte. No era mucho, porque la mayor parte está depositado para ganar interés. La preocupación del Sr. Vogt no era por el dinero, sino por los papeles en los que lleva las cuentas de los vecinos. El dinero se puede recuperar, pero si le hubieran robado los apuntes habría sido un gran problema. Los tres ladrones fueron atrapados y condenados a cárcel. Para tranquilidad del banquero y de los vecinos, los ladrones no eran del pueblo.

También el Sr. Vogt tuvo un pleito legal durante seis años con el Banco Central de Alemania. El motivo fue que el Banco Central le exigía que debía haber por lo menos otra persona trabajando con él, ya que había una ley que no permitía que un banco fuera manejado por una sola persona. Finalmente, el Banco Central admitió que el Sr. Vogt podía trabajar solo si un contador, una vez al año, revisaba los movimientos de dinero. Entonces, hasta el día de hoy el Sr. Vogt trabaja solo y cuando se va de vacaciones el banco se cierra. Se supone que si el Sr. Vogt se enferma, un empleado de un banco vecino debe llegar a atender, pero hasta ahora el Sr. Vogt nunca se ha enfermado.

El ejemplo del Sr. Vogt deja grandes enseñanzas. En esta época moderna a menudo se cree que los aparatos ayudan a hacer mejor las cosas, pero la verdad es que lo más importante no son las máquinas sino la voluntad de servicio.

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