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Caravanas Del Himalaya

Libro Almanaque 1995

En el continente de Asia hay una cadena de montañas llamadas Himalaya. La cordillera del Himalaya es la más alta de la Tierra.

En estas montañas viven varios pueblos. Su forma de vida es la misma que hace cientos de años. Para llegar hasta donde viven esta tribus se deben atravesar montañas y precipicios enormes. Pocas personas de las ciudades o de otras regiones se atreven a subir hasta allá.

La gente de estos pueblos no tiene luz eléctrica, ni cañerias, ni teléfonos. La mayoría no conocen el radio ni la televisión y mucho menos han visto un automóvil.

La vida para estos pueblos es muy dura. Hace mucho frío todo el año y en algunas regiones escasea el agua. Aunque son personas fuertes, cuando se enferman tienen pocos recursos para curarse. Como no hay hospitales ni clínicas, cada familia atiende a sus enfermos usando sólo medicinas caseras. Por eso mueren más niños y jóvenes que en nuestras tierras de Centroamérica. Pero estos pueblos tienen muchas enseñanzas que darnos. A veces nosotros olvidamos lo que vale el respeto y el compañerismo entre los seres humanos. Ellos no lo olvidan.

Aunque hay muchos pueblos interesantes en los Himalayas, dos de ellos, los Dolpo-pa y los Rong-pa mantienen una de las costumnres más antiguas de esas montañas: los viajes en caravanas. Estos dos pueblos viven a gran distancia uno del otro. Además son de diferente raza y practican religiones distintas. Sin embargo, desde hace miles de años han aprendido a ayudarse uno al otro para cenver las dificultades que les presenta la vida.

Los Dolpo-pa viven en una parte muy alta de las montañas. Se dedican a cultivar cebada y maíz pero las teirras son tan pobres y el clima tan frío, que sólo pueden producir la mitad de lo que necesitan para vivir. Ademés el agua es muy escasa. Tanto, que hacen rifas para decidir quiénes usarán el agua que logran recoger.

Los niños comienzan a trabajar desde que cumplen los cuatro años. Cuando tienen ocho años, ya tienen casi tantas responsabilidades como los adultos.

Por suerte hay una gran riqueza en las tierras de los Dolpo-pa. Una riqueza que otros pueblos no tienen y que necesitan para vivir: la sal. Los Dolpo-pa recogen gran cantidad de sal en las minas de las montañas y la van almacenando durante meses. Cuando se acerca el invierno toda la tribu viaja en caravana durante varias semanas, por caminos dificiles y peligrosos, para poder cambiarla en otros pueblos por maíz y granos. Para transportar la sal y todas sus pertenencias, usan unos animales llamados yaks. Estos animales tienen algún parecido con el ganado de nuestras tierras, pero son más fuertes y resistentes al frío y están cubiertos por pelo largo y grueso. Los yaks son de los pocos animales que sobreviven en estos climas y por eso los Dolpo-pa los consideran como si fueran parte de la tribu. Si no fuera por los yaks, todos morirían. De ellos obtienen no sólo leche, queso y mantequilla, sino también cuero para los zapatos, lana para la ropa y las cobijas. El estiércol lo usan como combustible para las fogatas, ya que en esta zona no hay árboles para conseguir leña o carbón.

Cuando llega octubre, toda la tribu se dedica a empacar la sal en sacos hechos de lana de yak. Recogen la poca ropa y trastos de cocina que tienen y se preparan para el viaje. Luego los sacerdotes de la tribu los bendice y todos los habitantes, hombres y mujeres, niños y ancianos, comienzan la caravana. Pasarán muchos meses antes de que puedan volver a sus casas.

Durante más de tres semanas tienen que caminar por perqueños trillos en la montaña, soportando el viento y el frío. Caminan durante todo el día. Sólo los niños muy pequeños son cargados por sus madres. A los enfermos y a los ancianos se les permite viajar a ratos montados sobre los yaks.

Al llegar la noche, arman un pequeño muro con los sacos de sal para protegerse del viento. Y ahí se acomodan todos juntos para darse calor unos a otros. Antes de dormir se reúnen alrededor de las fogatas, comparten la comida y luego se entretienen cantando y contando historias.

A veces la nieve cae antes de lo esperado y esto trae muchas penas a las caravanas. Muchas personas han muerto durante estos viajes. Se sabe de caravanas enteras que han quedado atrapadas por la nieve en las montañas y que no han logrado sobrevivir al frío y a la falta de comida. Por eso los Dolpo-pa han construido varios altares a lo largo del camino para rogarle a Dios que los proteja. Cuando las caravanas pasan por estos lugares, todos rezan una plegaria pidiendo regresar a su casa sanos y salvos.

A pesar de la vida tan dura, los Dolpo-pa son felices. Comparten lo poco que tienen y rara vez se cometen delitos. Hombres y mujeres viven en paz con sus vecinos, en paz con la naturaleza y en paz con Dios.

Mientras los Dolpo-pa continúan su viaje a través de las montañas, otra tribu, muy lejos de ahí, también se prepara para un largo viaje. Son los Rong-pa que viven en los fértiles valles al pie de las montañas Himalaya. Los Rong-pa cultivan maíz, frijoles y otros granos, pues los suelos son ricos y hay suficiente agua. Ademés crian ovejas y cabras y sus rebaños son sanos y fuertes.

A pesar de estas bendiciones, los Rong-pa no tienen sal y sin sal no pueden vivir ni ellos ni su ganado. Por esta razón se ven oblidaos a realizar un largo y dificil viaje hasta encontrarse con los Dolpo-pa. Así pueden cambiarles grano, que tienen en abundancia, por la sal que desesperadamente necesitan.

Los yaks de los Dolpo-pa son animales fuertes que están acostumbrados al frío y los caminos empinados y dificiles. Las ovejas y las cabras de los Rong-pa se mueven más despacio y los pastores deben protegerlas todo el tiempo de los chacales y los leopardos. Además tienen que llevarlas por sitios donde haya buen pasto y agua.

El viaje de los Rong-pa dura cerca de seis meses. Cada adulto carga una canasta de bambú en la espalda. Adentro llevan ollas, cobijas, una piel de cabra como colchón, una gran pieza de algodón para hacer una tienda, una botellas de madera con aceite de cocina y un poco de sal. También cargan una gran cantidad de lana que van hilando mientras caminan para no desperdiciar ni un momento del día. Lo que cabe en esta canasta es todo lo que tienen en el mundo y no piden nada más. Para ellos, sus cabras y sus ovejas y los valles donde han vivido miles de años, son su mayor tesoro.

Finalmente, después de recorrer largos y peligrosos caminos, los Dolpo-pa y los Rong-pa se encuentran y empiezan a negociar. Las dos tribus no tienen mucho en común. Aparte de las diferencias de raza y religión, los Dolpo-pa son montañeses fuertes y rudos y los Rong-pa son pastores y campesinos. Aún así, los dos pueblos se respetan y son amigos.

Los jefes de cada tribu son los que negocian. Los Dolpo-pa saben que su sal es valiosa. Un año por ejemplo pidieron cinco medidas de grano por una de sal. Los Rong-pa necesitan la sal pero saben que el grano que ellos siembran es muy importante para los Dolpo-pa. Por eso les ofrecieron dos medidas de grano por una de sal. Las negociaciones duraron tres días y aunque a veces fueron difíciles, al final llegaron a un acuerdo justo para ambas partes: tres medidas y media de grano por una de sal. Los dos pueblos qudaron satisfechos con el arreglo y cada jefe invitó al otro a comer y le ofreció la mejor comida y bebida que pudo. Esta es una vieja costumbre para demostrar amistad y agradecimiento por el negocio realizado.

Después de varios días, los Rong-pa se marchan de regreso con la sal y los Dolpo-pa se preparan para permanecer algunos meses en el lugar donde negociaron. No pueden regresar a sus casas hasta que pase el invierno porque la nieve que hay en los caminos no los deja pasar.

El año que viene, de nuevo saldrán estas dos tribus en sus caravanas y negociarán sus alimentos y su sal. Así ha sido durante cientos de años.

Los Dolpo-pa y los Rong-pa son pueblos que apenas tienen lo necesario para vivir. Aún así comparten lo que tienen con todos los miembros de la tribu. Además son amables con otros pueblos muy diferentes. No conocen la envidia. No son pueblos tristes. No se lamentan de lo poco que tienen y de lo difícil que es su vida. Por el contrario, siempre están alegres y gozan de la libertad que respiran.

Es posible que sean muy pobres, peron son ricos en su corazón y en su alma.

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