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La caja vacía
(Leyenda africana)

 

Del Libro Almanaque Escuela Para Todos 2006


 

 

Cuenta esta leyenda que la gente de una tribu notó con gran preocupación que sus vacas estaban dando menos leche. No se explicaban qué estaba sucediendo pues siempre las cuidaban con esmero.

Un joven de la aldea se ofreció a velar toda la noche para ver qué podía estar pasando. Después de varias horas en la oscuridad, oculto tras un árbol, vio algo extraordinario. Una joven muy bella bajó montada en un rayo de luna, trayendo un gran balde. Ordeñó las vacas, llenó el balde y volvió al cielo montada otra vez en un rayo de luna.

El joven no podía creer lo que había visto y quiso asegurarse antes de contárselo a alguien. Entonces, a la noche siguiente se escondió otra vez detrás del árbol y cuando estaba la joven ordeñando a las vacas, la atrapó con una red.

–¿Quién eres?, le preguntó.

Ella le explicó que era una doncella celestial, de una tribu que vivía en el cielo y no tenían con qué alimentarse. De modo que le habían encargado que bajara a la Tierra de noche y recogiera comida. Después le rogó que la liberara de la red, y que haría lo que pidiera.

El joven pensó un poco y luego le respondió que la liberaría sólo si ella accedía a casarse con él.

–Me casaré contigo, dijo la doncella. Pero debes dejarme ir a mi casa por tres días a prepararme. Después volveré y seré tu esposa.

Él estuvo de acuerdo. Tres días después la joven regresó trayendo consigo una caja grande.

–Seré tu esposa y te haré feliz, dijo la joven. Pero debes prometerme que nunca mirarás lo que hay dentro de esta caja.

–De acuerdo, le respondió el joven. Nunca miraré lo que hay dentro de tu caja.

Durante varias semanas fueron muy felices juntos. Hasta que un día, mientras su esposa estaba ausente, el joven fue dominado por la curiosidad y abrió la caja. No había nada en ella. Cuando su mujer regresó, vio que su marido la miraba con una mirada extraña y le dijo:

–Miraste dentro de la caja, ¿no es cierto?

–Sí, respondió el esposo. Y no encontré nada dentro. Ella llena de tristeza le respondió:

–Pues entonces no puedo seguir viviendo contigo.

–¿Por qué? preguntó su esposo asombrado. ¿Qué hay de terrible en que haya mirado en el interior de una caja vacía?

–No te abandono porque hayas abierto la caja, le dijo. Te abandono porque dijiste que estaba vacía y no lo está. Está llena de cielo. Contiene la luz, el aire y los olores de mi casa en el cielo. Cuando volví allá por última vez, llené la caja con todo lo precioso que había, para recordar siempre de dónde provengo. ¿Cómo puedo ser tu esposa si lo que para mí es lo más precioso para ti no es nada?


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