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La crisis del temor
(Cuento)

  

Del Libro Almanaque Escuela Para Todos 2006


 

 

Don Ramón vivía cerca de un importante cruce de caminos. Por allí pasaban muchos carros y camiones, y además estaba la única parada de buses, cosa que hacía que el lugar estuviera siempre lleno de gente. Se le ocurrió entonces montar un pequeño negocio frente a su casa.

Con gran entusiasmo don Ramón y su esposa se levantaban muy temprano para preparar la masa, la carne y el queso para hacer unas ricas empanadas, pues tenían que estar listas desde buena mañana.

Don Ramón era medio sordo y por eso le costaba escuchar la radio. Tampoco veía muy bien, por lo que tampoco le gustaba leer los periódicos ni ver televisión. Su única diversión era vender las empanadas y hablar con la gente.

Tanto fue el éxito, que tuvo que hacer un ranchito más grande y poner unas mesitas para que la gente estuviera más cómoda. Ya no sólo vendía empanadas sino también refrescos naturales, chocolate y café. Su esposa y él no daban abasto con tanto trabajo. Así que tuvieron que contratar a una muchacha para que les ayudara.

Su fama aumentaba día con día, así que decidió escribirle una carta a su hijo que vivía en la ciudad. Su hijo era un hombre de negocios. Había estudiado y trabajaba en una compañía muy prestigiosa, y don Ramón pensó que era la persona más apropiada para aconsejarlo de cómo administrar mejor su negocio.

A la carta del padre, su hijo respondió: “¡Pero papá! ¿No escuchas la radio ni lees los periódicos, ni ves la televisión? ¡Este país está atravesando una gran crisis, la situación es muy mala…No podría ser peor! Tenga mucho cuidado con lo que hace. Su negocio podría venirse abajo por la crisis. Suba los precios y vea en lo que puede ahorrar”.

Don Ramón leyó con mucho asombro la carta de su hijo y pensó: “Mi hijo trabaja en una gran ciudad. Lee los periódicos. Escucha la radio. Ve la televisión. Se codea con gente muy importante. Debe saber de qué habla…”.

Entonces sintió temor que su negocio fracasara. Hizo cálculos, compró menos ingredientes, bajó la calidad de las empanadas y aumentó los precios.

Sus ventas disminuyeron y poco a poco la gente dejó de visitar el lugar. Tanto así que un buen día, tuvo que cerrar.

Aburrido y triste por su fracaso, le volvió a escribir a su hijo diciéndole: “Tenías razón, hijo mío, mucha razón. Verdaderamente estamos atravesando una gran crisis”.


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