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Ñandutí o tela de araña

Ñandutí o tela de araña
Bordado del Paraguay

 

Del Libro Almanaque Escuela Para Todos 2006


 

 

Cuenta una leyenda que una niña indígena estaba lavando una manta que su patrona española usaba para cubrirse la espalda. Pero como la manta era vieja, se empezó a romper apenas la niña la empezó a lavar. La patrona se puso furiosa y le dijo que tenía que quedarse encerrada en un cuarto hasta que bordara otra exactamente igual. En el cuarto sólo tenía como compañera a una araña. La niña, por más que se esforzaba, no lograba recordar cómo era el bordado de la manta. Estaba desesperada. Pero de pronto se empezó a fijar cómo tejía la araña su tela y empezó a imitarla. Así pudo bordar bellos jazmines y otras flores. Dicen que así nació el primer ñandutí. Pero en realidad no se sabe cómo nació este bordado en Paraguay, pues así como esa leyenda hay muchas otras, y la verdad se pierde en el tiempo y se mezcla con el diario vivir del pueblo paraguayo.

El ñandutí está formado por numerosas “telas de araña”.

La explicación más aceptada dice que esa forma de bordar la llevaron a Paraguay unas mujeres de Tenerife, una isla de España, hace aproximadamente 300 años. Esas mujeres fueron enviadas por el Rey para que contrajeran matrimonio con los españoles que estaban viviendo allí durante la colonia.

Ellas sabían bordar muy bien, y fueron enseñándole a las indígenas cómo hacerlo. Poco a poco las indígenas fueron enriqueciendo los bordados con el colorido y los diseños de flores, insectos y animales de su tierra.

Ese arte popular penetró tanto en el corazón del pueblo paraguayo, que le pusieron el nombre en guaraní. “Ñandutí” significa “tela de araña”. Pues así como la araña atrapa en su tela los insectos que le sirven de alimento, así el ñandutí va formando “telas de araña” con dibujos de soles, hojas, insectos, flores y aves.

El tejido del ñandutí es tan delicado que parece un fino encaje. Para hacerlo se necesita un bastidor hecho de cuatro palos de madera liviana, generalmente de cedro. Sobre el bastidor se extiende un pedazo de tela transparente que se estira bien y se fija en el bastidor con una costura. Después se elige el dibujo y se copia a lápiz en un papel. Este molde se pone detrás de la tela para que la tejedora pueda usarlo de guía. Pero si la tejedora es muy hábil, dibuja el diseño directamente sobre la tela y no usa ningún molde. Luego con hilos y aguja se empieza a bordar.

Soles en distintos colores terminan el ribete de un mantel de ñandutí.

Terminado el trabajo, se da vuelta al bastidor de manera que el tejido quede al revés. Con una tijerita se corta la tela que sirvió de soporte al tejido, dejando solamente las partes de la tela que están atadas al bastidor. Esta labor es muy delicada porque hay que tener muchísimo cuidado de no cortar ninguno de los hilos del encaje.

Los bastidores son de tamaños diferentes, según lo que se quiera confeccionar. También pueden ser cuadrados o rectangulares.

Aquí termina la labor de la tejedora. Es frecuente que otras manos realicen el último trabajo que es el lavado y el engomado. Estos pasos son necesarios ya que la confección de un ñandutí puede tardar semanas, meses y hasta un año, y durante ese tiempo ha estado expuesto al polvo y a un continuo manoseo.

Estando todavía en el bastidor, el ñandutí se lava con agua y jabón. Si es necesario, se le pasa un cepillo suave, y se pone al sol para que se seque y blanquee. Cuando ya está seco se pasa por agua caliente con almidón de yuca y se lleva otra vez al sol. Luego se lava ligeramente con agua fría pasando le un paño seco por si acaso han quedado restos de almidón entre sus hilos, y se vuelve a poner al sol. El engomado es muy importante porque el ñandutí nunca debe plancharse. Por último, con la tijera, se separa del bastidor. De esta forma queda terminado el ñandutí.

Dicen las entendidas que no hay forma de lavar un ñandutí cuando el día está nublado pues no blanquea.

Gracias a esta artesanía muchos hogares rurales encuentran su sustento diario. Las mujeres de pueblos enteros se dedican a tejer, especialmente en el pueblo de Itaguá, donde se considera que es la cuna del ñandutí. En esta población los negocios están uno a la par del otro. Los frentes de las casas están cubiertos de grandes “telas de araña”. Se ven por todas partes enormes bastidores sosteniendo manteles, pañuelos, blusas, mantas, sombreros y hasta vestidos. También en los grandes corredores de las casas del pueblo, se encuentran reunidas mujeres de todas las edades, cada una bordando con un bastidor apoyado sobre su enagua.

El ñandutí como símbolo nacional del Paraguay, ha traspasado las fronteras y es apreciado en muchos países del mundo. Y muchas personas tuvieron la oportunidad de conocerlo cuando la selección olímpica de fútbol alzó orgullosa la bandera del Paraguay bordada en ñandutí, en el desfile de los Juegos Olímpicos que se realizaron en Atenas en el 2004.

 

Los colores tradicionales del ñandutí son el ocre y el blanco. Sin embargo ahora también los hacen de distintos colores.


Ver texto original del libro:

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