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Una oración en el fondo del mar

By febrero 18, 2020No Comments

Una oración en el fondo del mar

 

Del Libro Almanaque Escuela Para Todos 2005


La estatua, antes que la sacaran del mar para limpiarla.

 

 

El Sol iba bajando lentamente y teñía el mar con reflejos dorados. El joven Duilio Mercante caminaba por la playa pensando que ya no vería nunca más a su amigo Darío. Ya no nadarían juntos en las azules aguas de la bahía. Darío Gonzatti se había ahogado el día anterior mientras probaba un nuevo tanque de oxígeno. Los dos amigos habían crecido juntos en San Fructuoso, un pueblito de la costa en el norte de Italia. Habían compartido durante años su gran curiosidad por los misterios que guarda el fondo del mar. Y en aquel agosto de 1947 el mismo mar que tanto los había unido, los había separado para siempre.

Duilio entró al depósito donde guardaba su equipo de buceo, y se preparó para meterse en el agua. Se puso la máscara, el tanque de oxígeno y las patas de rana. Después se dirigió al mar y se lanzó a las olas. Nadó un poco antes de sumergirse. Debajo de la superficie, el agua estaba tranquila. Las últimas luces del día todavía iluminaban el fondo rocoso. Los peces huían cuando Duilio se acercaba. El silencio era total. Duilio llegó a la arena del fondo, y avanzó empujándose con las manos entre las rocas. Por esos mismos lugares había nadado junto a su amigo. Y ahora, aunque sabía que estaba solo, sentía como si alguien estuviera cerca de él.

Emocionado, se arrodilló en la arena y se puso a rezar. Y en ese momento fue que llegó a su mente una idea que cambiaría para siempre su vida. Pensó que debía compartir con otros esa maravillosa paz de las profundidades. Y sintió la necesidad de crear un hermoso lugar dedicado a la fe y a la oración, colocando una estatua de Cristo allí, en el fondo del mar.

En los días que siguieron, Duilio comenzó a transformar su idea en realidad. Habló con varios amigos. El doctor Giacomo Costa le dijo que la idea podía interesar a todas las personas que arriesgaban su vida en el mar. Marineros, pescadores, deportistas, todos ellos podrían contribuir. Se formó un comité con mucha gente del pueblo, y comenzaron a buscar los materiales para hacer la estatua. Le mandaron una carta al Papa Pío XII, quien les dio la bendición para el proyecto. Además, les envió una medallita con su imagen, para que la colocaran en la estatua.

Les llevó varios años conseguir el bronce para hacer la obra. Recibieron muchos pedazos de embarcaciones y hélices viejas de barcos. También hubo quienes donaron monedas, viejos medallones y hasta medallas que habían ganado en los Juegos Olímpicos. Una vez que tuvieron todo el bronce necesario, se lo entregaron al escultor Guido Galletti. La estatua de Cristo que nació en sus manos tiene los brazos abiertos y mira hacia arriba con una conmovedora expresión de bondad.

Decidieron colocar la estatua en el mar el 29 de agosto de 1954. Cuatro barcos de la Marina Militar y un barco con grúa encabezaron el recorrido desde el puerto de San Fructuoso. Detrás, muchísimas embarcaciones de toda clase, con cientos de vecinos y personas famosas se sumaron a la ceremonia.

Colocación de la estatua, en agosto de 1954.

Llegaron al lugar de la bahía que habían elegido. Días antes habían colocado en el fondo del mar una base de cemento, a 17 metros de profundidad. Allí estaba pegada la medallita de Pío XII. La grúa levantó cuidadosamente la estatua. Comenzó a bajarla hacia el agua, donde Duilio y otros buzos la esperaban para conducirla hacia el fondo. Poco a poco, la estatua se fue hundiendo en el mar. Pero de pronto, cuando ya casi había desaparecido bajo la superficie, la grúa se trabó. La estatua quedó a medio hundirse, con uno de los brazos fuera del mar. Duilio sintió que su corazón latía angustiado. Se le ocurrió que el Cristo se resistía a ser hundido en el agua. Por un momento pensó que toda aquella aventura había sido un error, y que poner a Cristo en el fondo del mar era un sacrilegio. Pero un instante después la grúa volvía a bajar y la estatua descendía suavemente hacia la profundidad del mar.

Cincuenta años han pasado desde aquel día. Más de 2 millones de personas han visitado el Cristo de las Profundidades. Hace unos meses, Duilio Mercante, hoy con más de 70 años, vio cómo la estatua era sacada del fondo del mar. Fue llevada al Acuario de Génova, donde la limpiaron. El pasado mes de agosto muchas personas se reunieron, igual que hace 50 años, para acompañarla en su regreso a la profundidad. Y allí está ahora, protegiendo a todos aquellos que arriesgan su vida en el mar.


Ver texto original del libro:

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